El lejano oriente nunca ha sido un lugar que
me ha atraído particularmente, pero imagino que de entre todos los países y
culturas orientales, tal vez la que más me ha llamado la atención ha sido
Japón.
Conocer Japón ha sido maravilloso, aunque soy
consciente de que apenas he conseguido arañar la superficie de todo lo que
acontecía a mi alrededor.
Una de las pruebas más difíciles al llegar al
Japón fue convertirme en analfabeto. De repente, no puedo leer los carteles de
las calles, ni lo que dicen los anuncios de publicidad, ni puedo escuchar
conversaciones ajenas, perdiendo así una gran parte de la noción de qué es qué
y obligándome a trabajar con suposiciones e hipótesis imposibles de verificar.
Eso sí, hay los suficientes carteles en inglés para hacer la navegación por las
ciudades una tarea no imposible; aunque el metro de Tokio creo que se le
resiste hasta a los locales.
En Japón todo es una experiencia. Al llegar a
Tokio te encuentras con una urbe interminable, fea, pero ordenada, segura, y
limpia como no he visto otra. Y es que una de las cosas que más me ha
sorprendido de Japón y de los japoneses ha sido su pulcritud. Desde taxistas de
guante blanco a trenes en los que hasta la más mínima superficie ha sido cuidadosamente
pulida.
Como el diálogo con los locales no ha sido muy
fluido, y principalmente se ha centrado en cuestiones básicas de intercambio de
información práctica, todo lo que puedo hacer es lanzar hipótesis: Tal vez
estas dos características del país (la pulcritud y el orden) estén relacionadas
con el budismo, ya que me ha dado la impresión que los japoneses aceptan la
responsabilidad individual que les corresponde a ellos y a su entorno
inmediato, que es un principio muy budista, y muy diferente del cristianismo
que se refugia en la voluntad divina. Claro que esto es solo una teoría, porque
también he visto muestras de una total incapacidad a utilizar la discreción y
el sentido común para saltarse cualquier regla elemental, ni por razones
cívicas (como que alguien te cambie el asiento para viajar junto a tu compañer@
de viaje en el tren).
Las reglas son observadas a rajatabla. Todo el
mundo circula por el lado correcto, espera en línea su turno y cruza los
semáforos solamente cuando está verde. En cuanto a los niños, su comportamiento
es ejemplar, muy distante del de los europeos, a los que los padres se empeñan
en convertir en insoportables dictadores.
Lo que más me ha impresionado, a pesar de ir
advertido, han sido los wc´s. Las tazas de wc´s en Japón cuentan con un mando a
distancia que se utiliza para controlar los diferentes chorros de agua caliente
y fría en una dirección y en otra que te dejan el trasero como los chorros del
oro, de una forma mucho más eficaz, higiénica, ecológica y placentera que el
sistema europeo de limpiarse con papel. En este aspecto (y tal vez en varios otros)
deben considerarnos unos bárbaros. No entiendo como este sistema no se ha
extendido ya por todo el mundo.
He de decir que aparte del logro tecnológico
de los retretes, Japón me ha resultado en muchos aspectos anticuado. Imagino
que en los 60, ir a Japón y ver el bullet-train, y las autopistas y vías de ferrocarril
aéreas, los mares de neón, y las máquinas expendedoras etc debe haber resultado
muy futurista, pero ahora que tenemos todas cosas en Europa, solo que más
nuevas, por haber llegado más recientemente, Japón aparece un poco demodé.
Luego están las cosas que se me han escapado
totalmente y que ni siquiera he conseguido explicarme con hipótesis, como las
niñas vestidas de Manga, con pelucones monumentales, calcetines de encaje,
minifaldas con enaguas, bolsos con estampado de cerezas… O las colegialas
vestidas de Lolitas, maquilladas como puertas y con uniformes de enfermera
porno… Estas dos tribus urbanas (si es lo que son) me han chocado
particularmente por lo sexual en un país que por lo demás me da la impresión de
que es muy reprimido (el ambiente gay prácticamente no existe, al menos no de
forma abierta y accesible, y los pocos locales que hay, están llenos de
occidentales). También de vez en cuando se veían personas (en su mayoría
mujeres) vestidas al estilo tradicional, que es muy estético y elegante. Pero
no me ha quedado claro si iban a algún evento, o vestían así por motivos de
trabajo, de identidad, político, o es sencillamente una opción estética.
Y hablando de experiencias, la comida merece
un aparte. De toda la comida oriental, la japonesa es sin duda la que menos me
disgusta (porque a mí lo que realmente me tira es lo mediterráneo, sea del sur
o del norte, de oriente u occidente. He probado cosas realmente deliciosas
(aunque no siempre he estado seguro de saber lo que estaba comiendo), con
texturas y colores inauditos, pero al final del viaje, tenía muchas ganas de un
risotto o un buen bistec con sus patatas fritas.
En relación con este tema, solo mencionar que
en la obligada visita al mercado de pescado estuve a punto de tener un ataque
de ansiedad al comprobar que vendían tortugas para comer. Esto nunca se lo
podré perdonar a los japoneses!
La verdad es que el viaje no ha sido lo
suficientemente largo como para hacer una inmersión en la cultura. La visita a
Kioto si duda ha sido mi parte favorita. Kioto es una ciudad preciosa con casas
tradicionales y lo suficientemente pequeña como para poder salir de ella y
experimentar la naturaleza, que es mucho más exuberante y tropical de lo que
esperaba. El paseo por el bosque de bambú fue sin duda una de las experiencias
más especiales.
En Kioto además tuve el privilegio de
experimentar vivir en una casa tradicional de papel y madera, con bañera de
pino, con jardín japonés propio, y sirvienta particular vestida de geisha que
servía la comida en el suelo y desenrollaba el tatami por la noche y disponía
de él por la mañana antes de traer el desayuno. Definitivamente es un sitio al que
me gustaría volver con más tiempo.
Sobre las impresiones de Japón hay infinidad
de cosas que se me quedan en el tintero sobre las que podría disertar sobre
horas: el origami, las artes plásticas, los jardines, las geishas, las chanclas
de madera, la religión... pero como toda marikita que se precie, voy a terminar
con una reflexión sobre la carencia general de chulos espectaculares. Y si que
he visto algunos japoneses monos, en contra de lo que esperaba, pero en
general, yo creo que pasaría mucha hambre en el país del sol naciente.
Mi consejo, como siempre es ir a verlo y
experimentarlo en carnes propias, que las experiencias de segunda mano son
siempre como las sombras platónicas…
1 comment:
Yo quiero ir antes de morirme y vestirme de niña manga con pelucón y cerezas. Me parece muy atractiva la idea de pasar un tiempo en una cultura tan diferente.
¡Besos!
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